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eMujeres | Edición Marzo

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Tanabata o Festival de las estrellas

Tanabata o Festival de las estrellas
Lic. Hortensia Flores G.

En Japón cada 7 de julio se celebra el Tanabata o Festival de las Estrellas, costumbre que se deriva de la antigua tradición china “Qi Xi”, que significa “La Noche de los sietes”, ya que se conmemora el “séptimo día del séptimo mes”, de cada año.

Este día en China se conoce como el Día Chino del Amor, o el Festival de la Urraca, actualmente ha sido reemplazado por el Día de San Valentín, pero hay regiones en las que prevalece todavía el Qi Xi.

La leyenda de Qi Xi, surge durante la Dinastía Han, fundada por el emperador Gaozu (206 A.C.-220 D.C., siglos II A.C-III D.C.) y habla de un amor imposible entre el granjero Niulang (simple granjero)  y una hada llamada Zhinu.

Para celebrar ese día, las jóvenes muestran sus artes domésticas y elevan plegarias para conseguir un buen esposo. Ese día también se conoce con los nombres de:

  • El festival para pedir por habilidades (qi qiao je)
  • El cumpleaños de las siete hermanas (qi jie dan)
  • La noche de las habilidades (qi xi)

El Tanabata se inició en Japón durante el período Nara (710 D.C. –794 D.C), y se institucionaliza durante el reinado de la emperatriz Kouken, alrededor del año 750

La diferencia entre la celebración china y la japonesa,  además del nombre “Tanabata”, es que los dos enamorados habitan en el cielo, Orihime (Vega la estrella de las tejedoras) y Hikoboshi (Altair las estrella de los vaqueros).  Entre ambas estrellas pasaba el Gran Río Celestial, (Vía Láctea o Amanogawa), sobre el que las urracas forman un puente.

Según la Leyenda, la preciosa princesa Orihime (princesa de los tejidos), hija de Tenkou (Dios del Cielo), por ser excelente tejedora era la responsable de confeccionar la vestimenta de los dioses del cielo, labor que le gustaba realizar al lado del río Amanogawa, con su tejedora mágica llamada Tanahata.

Al ver su padre que Orihime consagraba todo su tiempo a esta labor, decidió buscarle un marido para hacerla feliz, y así fue como escogió a Kengyu, un joven que se dedicaba a cuidar bueyes.  Cuando Tenkou los presentó, el amor entre los dos surgió inmediatamente y se casaron.

El problema fue que era tan intenso el sentimiento entre los enamorados, que ambos descuidaron sus obligaciones por pasar todo el día juntos, por esta razón los dioses no tuvieron más vestidos nuevos y los bueyes se desperdigaron por todo el cielo causando graves trastornos y daños.

El enojo de Tenkou fue mayúsculo, y por ello decidió separar a los enamorados y prohibir que volvieran a verse. Por lo tanto procedió a colocarlos cada uno en un extremo de Amanogawa (Vía Láctea).

Fue tal el sufrimiento de los dos enamorados, que no tenían fuerzas para volver a sus labores,  Tenkou compadeciéndose de la amargura de ambos, les prometió que si trabajaban arduamente todo el año, les permitiría reunirse un día y este sería el séptimo día el séptimo mes.

Es por ello que Kengyu y Orihime trabajan con mucha dedicación durante todo el año, para de acuerdo a la promesa del Dios del cielo, volver a estar juntos el día de Tanabata.

Para que se pueda llevar a cabo el encuentro, sobre la Vía Láctea se forma un puente compuesto por unas urracas, y así los dos amantes puedan cruzar el río del cielo y reunirse.

Se dice que el poder reunirse les provoca tanta felicidad a estos amantes, que conceden deseos a todos aquellos que se los pidan.  Es por ello que desde la era Edo (1603-1868), en las casas, principalmente en los jardines o en las puertas, se pueden ver ramas de bambú decoradas con franjas de papel (tanzaku).

Antiguamente las franjas de papel eran de cinco colores (rojo, verde, amarillo, blanco y negro) porque representaban los 5 elementos (fuego, madera, tierra, metal y agua, respectivamente); hoy día son de varios colores.  En estas turas las personas escriben sus deseos y poemas para halagar a los amantes.

Al terminar la celebración, se deben arrojar las ramas de bambú y las peticiones en el río más cercano, para que lleguen al río celestial, sean contestados y los deseos se hagan realidad.

Como consecuencia de ésta tradición al ser una costumbre el realizar poemas para el Tanabata, al mes de julio según el antiguo calendario japonés, se le llamó “fumizuki” (el mes de las letras)

En la actualidad para el Tanabata, se decoran las calles con adornos de papel simulando la Vía Láctea, se organizan desfiles, ferias y fuegos artificiales.

Por lo pronto sería bueno formular nuestros deseos este próximo 7 de julio, quizás los enamorados nos los concedan.

¡Hasta la próxima¡

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